Hubo un tiempo donde un cruel e injusto hechizo hizo invisibles a las mujeres a pesar de que realizaban muchas tareas que nadie conocía ni valoraba: atendían a la economía familiar, mostraban extrordinarias dotes artísticas, realizaban grandes descubrimientos en la experimentación y en el saber científico, desarrollaban un pensamiento filosófico novedoso y lúcido... Pero toda esta labor quedaba oculta, al igual que su misma existencia, porque sólo eran percibidas cuando estaban cerca de los hombres. Tan grave llegó a ser la situación que se sabe de casos en los que las mujeres se vieron obligadas a tomar nombre masculino para poder firmar sus propias creaciones.
Pasaron años y años y ahora -en pleno siglo XXI, cuando la igualdad queda reconocida en la Constitución y en el Estatuto de autonomía- una escritora, Ana Rosseti y una pintora, Asunción Jódar, han sumado su arte para rescatar del olvido a Ada Byron. Ella, que vivió también, como otras muchas mujeres, su particular historia de ocultamientos y silencios, empieza a ser reconocida, en la actualidad, como matemática de talento y pionera de la programación y la computación.
Pues bien, has de saber que sostienes en tus manos un libro mágico. Se dice que, a medida que aumente el número de sus lectoras y lectores, el antiguo hechizo irá peridendo fuerza, hasta desaparecer. Entonces se hará finalmente realidad un mundo justo, libre e igualitario, donde todas las personas seamos conocidas y valoradas como tales: con nuestro nombre, nuestro rostro y con nuestra identidad.
En tus manos está. La Tejedora de Redes te espera.
ADA BYRON
Ada Byron, condesa de Lovelace, nació en Londres
en 1815 y murió treinta y seis años después. Love significa "amor" y lace: "encaje".
Su padre era el famoso poeta Lord Byron y su madre,
Lady Anabella Mibanke, matemática y astrónoma, conocida como la Princesa de los Paralelogramos por su dedicación a la geometría. Byron también la llamaba cariñosamente "reineta", porque tenía las mejillas redondas y sonrosadas como una manzana. Cuando Ada tenía apenas un mes, sus padres se separaron. Lord Byron se marchó de Cran Bretaña llevándose sus posesiones y sus animales exóticos en una extravagante caravana y jamás volvió a ver a su hija. Sin embargo, le dedicó el Canto III de su poema "Las peregrinaciones de Child Harold" que ella no leyó hasta cumplir los quince años y cuando ya hacía mucho que su padre habia muerto. No le hablaron jamás de é1, pues Lady Anabella temia que imitase su temperamento inconstante y apasionado.
Ada estuvo siempre enferma, pero procuraba no quejarse para que no la apartaran de los estudios. Los dolores le impedían concentrarse mucho tiempo en un asunto pero, en su lucha por distraerse de ellos, abarcó diversos temas. Su madre se dedicó a su educación y le procuró los mejores maestros. Le enseñó el nombre de las constelaciones, algunas con nombres de animales en homenaje a los protagonistas de fabulosas historias. Pegaso es un ejemplo de ello. Esta constelación que está entre Vlrgo y Leo recuerda la leyenda del caballo alado que hizo brotar de una coz una fuente cuyo manantial servia de inspiración a los poetas. A los doce años, ideó escribir un tratado de "Vuelologia". Habia inventado un caballo que funcionaba con vapor que, provisto de mapa y brújula llevaría la correspondencia con mayor rapidez.
A los quince años. asistió con su madre a las demostraciones de la Máquina de las Diferencias, que era capaz de operar con números, y cuyas infinitas posibilidades Ada comprendió. Se hizo amiga del ingeniero Charles Babagge, e inmediatamente empezó a trabajar con él para perfeccionar el Ingenio. Se le llama ingenio a la facultad de discurrir, intuir e inventar, pero también a las máquinas o artificios mecánicos. En lenguaje informáticático, el Ingenio seria el Hardware. Este Hardware se habia inspirado en las tejedoras mecánicas que transformaban en tejidos la información que le suministraban tarjetas perforadas. Ada redujo el número de tarjetas pues utilizándolas también del revés formaban nuevas composiciones y calculó nuevas series de programación; es decir, creó un software.
La aparición de la máquina tejedora de Jacquard, a principios del siglo XlX. fue muy mal acogida por los obreros que, temiendo Por sus puestos de trabajo la
estropeaban a propósito una y otra vez. Lord Byron
defendió a los obreros en la Cámara de los Lores. Es
verdad que esos hombres estaban amenazados con la
pena de muerte pero también pudiera ser que Lord
Byron detestase las máquinas. Jamás llegó a saber que
por medio de ellas su hija crearía un lenguaje más universal
que el suyo.
En efecto, la preocupación de Ada por difundir e
interconectar informaciones instantáneamente había
encontrado el vehículo adecuado. Ada supo crear un
lenguaje diferente capaz de distribuir y combinar los
mensajes de manera que fueran comprendidos por la
máquina. Al igual que la consistencia de una red depende
de sus nudos, el lenguaje inventado por Ada se compone
de enlaces que establecen múltiples conexiones.
La fuerza de esa conexión depende de la superposición
de filamentos, como hilos de un tejido resistente. Y así
como, en las redes, los agujeros no significan el vacío,
en el lenguaje digital el cero no significa la nada. Con el
lenguaje creado por Ada, el concepto de las relaciones
deja de ser lineal y estructurado en pirámide para convertirse
en un tejido que puede crecer y extenderse en
todas las dimensiones, creando sus propias vias, sin
control y sin una única central de mando.
Consideraba que el cuerpo humano era la máquina
más compleja que existe y -al igual que consiguió desprenderse
de las muletas y convertirse en una gran
amazona, aunque hasta los catorce años estuviese
prácticamente paralizada- sabía que podría dominar
con éxito el Ingenio de Babagge. Sólo el escaso avance
tecnológico de su tiempo y su temPrana muerte le impidieron
desarrollar sus trabajos, pero cuando emPezaron
a fabricarse los primeros ordenadores, que también funcionaban
con tarjetas perforadas, las nietas de Ada
pusieron a disposición del ingeniero Dr Bowden toda la
documentación que conservaban de ella. El se admiró
de sus conocimientos y de su visión profética sobre el
alcance de la computación e imprimió y difundió su
obra. A partir de entonces se consideró la primera programadora
del mundo.
En mayo de 1970, el comandante John Cooper’ en
nombre del "Grupo de Lenguaje de Alto Nivel" del
Departamento de Defensa de Estados Unidos’ bautizó
con el nombre "Ada" un nuevo lenguaje de programación
"...en honor a una matemática de mucho talento,
Ada Byron, condesa de Lovelace"’ Con tal motivo, se
pusieron en contacto con uno de sus descendientes
para pedirle permiso. Este se puso muy contento y
señaló que las letras ADA se hallan justo en medio de la
palabra "radar".