En la actualidad, a pesar de una aparente libertad de las mujeres en todos los ámbitos de la vida (emocional, laboral, sexual...), lo cierto es que aún existe una serie de patrones y estereotipos patriarcales que frenan nuestro pleno desarrollo.
En el afianzamiento de estos patrones están influyendo las
llamadas “revistas femeninas”, sobre todo las dedicadas a adolescentes, ya que esta época del desarrollo de la persona la influencia de factores externos es mayor que a otras edades: el grupo de iguales determina enormemente tanto la formación de la personalidad, como el afianzamiento de determinados
hábitos y conductas.
Pilar Cisneros considera al respecto lo siguiente:
Una etapa juvenil hiper-desarrollada, genera individuos cuyas identidades necesitan constituirse al margen de los canales tradicionales: el trabajo y la emancipación. Es aquí donde nuevos agentes de socialización, como son los medios de comunicación, van a aportar estos materiales de la diferenciación con
el mundo adulto, construyendo no sólo la personalidad individual sino el creciente
muro que separa cada vez más la etapa adulta de la etapa joven. De esta manera el capricho de los niños deviene en la juventud en consumo desaforado y hedonismo.
Revistas, series de televisión, grupos musicales... conforman toda una serie de valores que los/as adolescentes “absorben” sin apenas filtros críticos.
No hay que olvidar que mediante los medios de comunicación se produce una invasión de nuestro espacio cultural e intelectual, por lo que su influencia en nuestras vidas es innegable. Desde los medios de comunicación se venden y compran productos, se ofrece ocio y diversión, se ofrecen escaparates que
nos evaden de nuestra realidad inmediata y que nos asoman a vidas ajenas.
Además de esto, los medios nos venden sueños de triunfo y belleza y consejos para alcanzarlos mediante anuncios de cosmética, de programas de televisión, secciones de revistas, consultorios o reportajes que forman todo un cúmulo de
entramados que pretenden convertirnos en mujeres de portada desde las primeras etapas de nuestra adolescencia. Las revistas juveniles también forman parte de esos factores de socialización ajenos a la familia y centros
educativos, puesto que desde ellas se consolida una serie de roles que están
siendo interiorizados por las jóvenes.
Una de las características más llamativas de estas revistas es su excesiva preocupación por temas relacionados con la estética y las relaciones con los hombres (casi siempre parten de un tipo de pareja heterosexual), obviando otros temas como podrían ser la formación, la salud, la cultura o el
empleo. Insisten además en unos patrones físicos muy difíciles de conseguir, basados en la delgadez casi extrema sin mostrar mucha preocupación por el aumento de los casos de anorexia y bulimia en los últimos años ni por el
descenso en las edades en que comienzan a aparecer estas enfermedades.
Todas estas revistas parecen basarse en el ideal de misoginia romántica que consideraba la belleza como el arma principal de una mujer, y, aún hoy, nuestro objetivo vital sigue siendo el de mantener un físico adecuado al canon
de nuestro tiempo y que sirva para atraer mejor a los hombres.
Los medios de comunicación toman cada vez más importancia en
nuestra sociedad, y en la era de la aldea global nos ofrecen una ventana desde la que mirar el mundo, una ventana cuyos marcos y cristales pueden cambiar el sentido y el color de nuestra mirada. Además de esto, los medios generan la
base de nuestro entramado cultural y social mediante una educación informal, es decir, mediante una educación que se da de manera no planificada y mediante la cual se produce una influencia en los hábitos y valores del público
receptor. En un principio, podríamos decir que las revistas femeninas estarían dentro de este ámbito educativo, puesto que no tienen una planificación pedagógica ni una intencionalidad educativa como la que podría tener un curso
formativo, pero, a través de consejos, trucos, test y horóscopos están configurando todo un engranaje formativo a través del cual, enseñan dietas, trucos de belleza o trucos para mantener relaciones con los hombres. En
definitiva, educan a las chicas jóvenes y contribuyen a que acepten unos roles
determinados. En un estudio realizado por Ángela McRobbie sobre la revista
Jackie, la idea de las revistas como agentes socializadores se refuerza cuando
la autora compara la función de las revistas para chicas con la de la policía en
el caso de los chicos: una función de control social. 10 Y aunque esta tesis
pueda sonar un tanto extrema, lo cierto es que la influencia de las revistas
femeninas en las jóvenes es innegable en aspectos relacionados como el consumismo o las relaciones de pareja, pues de lo contrario no se entendería
la enorme presencia de test, consultorios y titulares que destacan estos temas
en portada.
Siguiendo en la línea de lo anteriormente expuesto, hay que recordar
que los medios de comunicación forman parte de los agentes de socialización
que se encargan de ejercer una función homogeneizadora. Esta función
homogeneizadora de las revistas femeninas se refleja en la exaltación de las
mismas modas, actores, actrices y cantantes en la práctica totalidad de las
revistas analizadas. Se obvian temas que se saldrían de esta homogenización:
las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, las mujeres de
complexión fuerte, las profesiones que no sean de modelo, actriz o cantante y
la crítica social brillan por su ausencia. En definitiva, la chica de portada que
nos venden es:
· Heterosexual.
· Complaciente con los hombres
· Preocupada por su imagen.
· Bella.
· Delgada.
· Glamourosa.
· Y sobre todo: SEXY.
Cualquier mujer que no cumpla estos requisitos, directamente,
desaparecerá de las revistas estudiadas. En este sentido es llamativo el caso
de la serie de Los Serrano: sus protagonistas alcanzan dimensiones de líderes
sociales en las revistas dirigidas a una menor franja de edad que hacen
exhaustivos seguimientos de sus conciertos, proyectos, trucos para ligar con
los hombres (en el caso de las chicas) y consejos sobre cómo conseguir un cita
con ellos (en el caso de los chicos), y mientras estas personas alcanzan cada
vez más relevancia, una de las protagonistas ( la amiga de Teté) es llevada al
ostracismo mediático, se la hace invisible para las lectoras por no encajar con el modelo de adolescente descrita en las revistas; se trata de una niña que usa
gafas, es gordita y representa un personaje acomplejado a la sombra de su
amiga Teté, una niña sexy y arrolladora con los chicos. “La amiga de Teté”,
cuyo nombre significativamente siempre se olvida (“Yoli”), no destaca en
ninguna faceta artística y su mayor éxito lo alcanza en los estudios. En la
realidad esta joven actriz es apartada del grupo musical formado por el resto de
personajes que, por cierto, no destacan precisamente por su valía musical, y
es también excluida de las revistas, pues de entre todas las publicaciones
estudiadas tan sólo aparece de lejos en una foto de un capítulo.
La necesidad de realizar un estudio sobre las revistas que están leyendo
las jóvenes españolas de entre 14 y 25 años viene exigida por las
características de la etapa que atraviesa el grupo al que van dirigidas, una
etapa de cambios físicos y hormonales decisiva en la evolución de la
personalidad (relaciones, referentes, pensamiento, lenguaje, expresividad...) En
el caso de las lectoras adolescentes hay que tener en cuenta su mayor
predisposición a “empaparse” de todo aquello que les rodea, pues en esta
etapa del desarrollo deben enfrentarse a grandes cambios físicos que generan
altas dosis de inseguridad y ante las cuales se responde eligiendo como
referente corporal los modelos aparecidos en los medios, así, la adolescente
compara constantemente su nuevo cuerpo con el cuerpo idealizado por los
medios. Además, la adolescencia es una etapa donde se adquiere un nuevo
estatus social, es un paso entre la infancia y la edad adulta en el que la opinión
del grupo de pares y de las amistades es fundamental. El autoconcepto y la
autoestima dependen en buena medida de la opinión de los demás, y si los
demás consideran que una es gorda o no va a la moda, eso, más que una
mera observación o prejuicio, es un estigma vital del que hay que desprenderse
a toda costa.
Estas características quedan reflejadas en las publicaciones analizadas,
ya que el tema del grupo de pares tiene una presencia constante en unas
revistas centradas en cómo conseguir una vida social exitosa (midiendo
siempre el éxito por el grado de aceptación del grupo) que se alcanza mediante
ropas, maquillaje y actitudes determinadas como ser sexy o marchosa que
estas revistas saben muy bien promover. Todos los méritos ajenos al amor, al
mundo de la moda, la música o el cine comerciales se considerarán entonces
irrelevantes. En España, estas revistas llegan a ser leídas por más de un millón
de adolescentes, este éxito de ventas es debido en buena medida a que, como
muy bien reconoce Mónica Figueras, son unos instrumentos muy útiles y las
adolescentes demandan desesperadamente utilidad para su vida cotidiana11. A
corto plazo la revista responde, su educación informal es muy atractiva y
pragmática, mientras que es muy difícil que una joven pueda extraerle la
utilidad inmediata a la educación formal.

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