Un estudio realizado por el CIREM (publicado por Escuela) muestra
que en España los alumnos matriculados en FP son el 23,1% frente al
49% de Europa, mientras que las matriculaciones universitarias en
España son sensiblemente superiores a la media de la UE. Si a esto le
unimos que los países con mayor desarrollo económico se sustentan
en una mayoría de población con titulaciones intermedias, podemos
deducir que nuestra FP necesita el relanzamiento definitivo que nos
permita acercarnos a las cifras de la UE. En este sentido, la nueva
ordenación de la FP en la que estamos inmersos puede ser una
oportunidad.
El Real Decreto que regulará la evaluación y acreditación de las
competencias profesionales adquiridas a través de la experiencia
laboral, completará la normativa básica de la nueva FP. Se habrá
conseguido así, la integración de todas las vías por las que un
ciudadano se forma y capacita para el ejercicio de una profesión,
objetivo largamente perseguido por la UGT y demandado por todos
los profesionales y los que aspiran a serlo.
Esta nueva FP que hoy celebramos no sería posible sin el impulso
surgido de la cumbre de Lisboa de 2000 y la identificación de los
objetivos estratégicos de la Unión Europea a los que la nueva FP debe
contribuir para convertirse en una economía, basada en el
conocimiento, más competitiva y dinámica del mundo, capaz de
crecer económicamente de manera sostenible con más y mejores
empleos y con mayor cohesión social. Consecuentemente, el
desarrollo de la nueva sociedad del conocimiento es el desarrollo de
la nueva FP, y viceversa. Desde UGT venimos planteando que la
cualificación profesional de los/as trabajadores/as junto a una
apuesta del cambio del modelo productivo, donde la Universidad y el
I+D juegan un papel fundamental, son la apuesta de la sociedad
española para salir de la crisis de forma ventajosa.
En este nuevo contexto, el aprendizaje continuo y la movilidad son
estrategias esenciales para promover la empleabilidad, lo que exige
contar con un eficaz sistema de reconocimiento de las competencias
profesionales tanto de las adquiridas por vías formales, como por la
actividad laboral o vías no formales.
La existencia de más de 13 millones de trabajadores españoles sin
ninguna cualificación profesional, constituye no solo un destacado
freno a la movilidad y al aprendizaje continuo, sino también una
grave injusticia social que se debe corregir sin dilaciones.
A este fin deben dirigirse prioritariamente las acciones del próximo
Real Decreto, y su aplicación deberá llevarse a cabo con las
necesarias garantías de calidad y rigor que las normas contemplen,
pero también con la responsabilidad, templanza y generosidad que
exige la excepcional situación.
Sin embargo, siendo indiscutible el marco general y los objetivos
estratégicos de esta nueva FP integrada, es más discutible la
información que se recoge en algunos medios, especialmente cuando
señalan que el primer y principal objetivo es el establecimiento de
distintos procedimientos para que los jóvenes que han abandonado el
sistema educativo puedan alcanzar una titulación de FP.
La sociedad del conocimiento de los objetivos de Lisboa exigen una
nueva FP, la integración de todas las vías formativas y un eficaz
sistema de reconocimiento de la trayectoria profesional de los
trabajadores. Desde la LOGSE, la FP se ha ido dignificando ante la
sociedad y con esta nueva apuesta del reconocimiento de la
experiencia para la adquisición de títulos, sigue apostando por
recolocarse y satisfacer una necesidad del sistema productivo.
La formación permanente de los trabajadores, y por ende la de
nuestros jóvenes cuando lo sean, será más eficiente cuanto más
sólida sea su formación de base. Los aspirantes a los títulos de FP a
través de las diferentes vías que les aporta el sistema, tienen que
tener claro la exigencia y el rigor que supone la adquisición del título.
Esta medida, que puede paliar la escasez de titulaciones en FP, corre
el riesgo de provocar un aumento del abandono escolar en el tramo
postobligatorio, al percibir mayores facilidades en la obtención del
título de FP a través de vías alternativas a la enseñanza reglada.
La sociedad del conocimiento y de la formación permanente será más
de conocimiento y más de formación permanente cuanto mayor sea
la formación básica y la formación profesional de base asociada a las
competencias profesionales, y en consecuencia, los criterios para las
acreditaciones profesionales a lo largo de la vida profesional y las vías
no formales no deben dejarse llevar por débiles intereses inmediatos,
y trasladar subliminalmente una dudosa valoración de la formación de
base, tanto en el plano personal como en el social.